Diseño de packaging en Córdoba (España)

Anatomía de un logotipo (I)

Consideraciones generales

¿Qué es un logotipo?

La RAE define logotipo de la siguiente manera:

Logotipo: Del gr. λόγος lógos ‘palabra’ y tipo.

  1. m. Símbolo gráfico peculiar de una empresa, conmemoración, marca o producto.
  2. m. Impr. Grupo de letras, abreviaturas, cifras, etc., fundidas en un solo bloque para facilitar la composición tipográfica.

El término logotipo está formado por dos vocablos de origen griego: lógos, que se puede traducir como “palabra, estudio o tratado” y typos, “modelo, carácter grabado”. Una interpretación aproximada sería (pido mil perdones porque el griego y yo nos conocemos solo de vista): “modelo que representa a una palabra”. Como podemos ver, la primera acepción del término es una extensión de esta traducción, porque, realmente, un logotipo es mucho más que la mera representación de una palabra. El logotipo es el “rostro” que una empresa o un producto muestran al exterior; es uno de los constituyentes principales de la marca.

 

Un momento, pero entonces, ¿logotipo y marca no son sinónimos? 

Aunque en algunos ámbitos ambos términos pudieran ser equiparables, en el mundo de la mercadotecnia (o marketing, si preferimos el vocablo más popular) la marca es cómo se proyecta una empresa al mundo, cómo es percibida por los clientes. Esta percepción debería ir más allá del simple logotipo. Volviendo al símil anterior, si el logotipo es el “rostro” de la empresa, la marca es la “personalidad” de la misma. Es evidente que ambos aspectos deben ser objeto del mejor de los cuidados: una empresa no podrá mostrar una buena imagen de marca sin un buen logotipo, pero el logotipo por sí mismo no sirve de nada si no lo dotamos de valores (ya sean otros elementos complementarios, aplicaciones, atributos, experiencias, emociones, etc.).

 

La importancia de un logotipo

Hoy en día es imprescindible tener un logotipo consistente para que un negocio pueda competir en igualdad de condiciones. No es algo baladí o que podamos dejar al azar; una empresa jamás desarrollará todo su potencial si la imagen que proyecta al exterior no está en consonancia con aquello que la hace valiosa o única. Imaginad que se os invita a una boda. Estoy bastante seguro (salvo alguna excepción que me viene a la mente y que no es plan de contar por aquí) de que la inmensa mayoría elegiría un atuendo adecuado para presentarse en la ceremonia. De su agrado, por supuesto, con un estilo que resultara representativo y acorde a su personalidad; a su gusto. No querríamos que se nos viera como adefesios, como notas discordantes (no a menos que ese fuera nuestro maquiavélico plan). Y no hablo de ir más o menos elegante, no, hablo de transmitir justo aquello que queremos transmitir, de proyectar la imagen con la cual nos identificamos y queremos que se nos identifique. Con el logotipo de una empresa sucede lo mismo. No es que cuando estés en tu casa no sea lícito (e incluso apetecible) usar ropa vieja y gastada, pues cumple la función de hacer nuestra vida más cómoda, pero casi con total seguridad no querrás que te vean de esa guisa en público. De igual forma (y estirando la metáfora hasta el infinito y más allá) no habría razón para querer un logotipo viejo, o anticuado si la imagen que quieres proyectar con tu empresa es la contraria.

 

El rol comercial del logotipo

Así es que, como podemos ver, un buen logotipo es tan deseable como una buena presencia. ¿Quién no querría que su marca luciera no solo robusta sino atractiva? ¿O que su empresa proyectara la imagen apropiada para su público objetivo? Esos aspectos se pueden llegar a controlar, pero para ello es imprescindible tener un logotipo de calidad, diseñado por profesionales que nos puedan asesorar durante el proceso y que nos proporcionen unas correctas pautas de aplicación. No es buena idea dejar algo tan importante al albur. Los logotipos fueron creados para evocar ideas de familiaridad y de popularidad. Al principio estos eran meras marcas que garantizaban la procedencia del producto; más tarde, figuras conocidas que reemplazaban a la tendera o al tendero, que eran los responsables de elogiar el género. A día de hoy es el logotipo el que cumple esa función, y por ello, este debe ser claro y representativo; firme a la hora de expresar aquello que deseemos evocar en el público al que va destinado.

 

¿Qué características debe poseer un buen logotipo?

Ese es un tema muy interesante, pero tendrá que esperar hasta la próxima semana…