Nace un nuevo estudio al grito de Hurra!

Hurra! ha nacido gritando, y tiene dos buenos pulmones para hacerse oír.

Pero, ¿en serio necesita el mundo un nuevo estudio de diseño?

Desde que el amigo Gutenberg inventara la imprenta con tipos móviles allá por 1450 y dejara pasmado a todos con su famosa Biblia de 42 líneas, el mundo de la comunicación ha experimentado un cambio sin precedentes.

El siglo XV sentó las bases de la transmisión de la información, que a través de la aparición de tecnologías cada vez más sofisticadas (como el telégrafo, el teléfono, la radio o la televisión, surgidas en los siglos posteriores), se concretó en la Revolución Digital con la aparición y la proliferación de las computadoras digitales. El hito de esta revolución consistió en la multiplicación de la información, hecho que ha propiciado una sociedad basada en el conocimiento. Esta revolución ha dado paso a la conocida como Era de la Información (que algunos ya llaman de la desinformación, aunque eso es otra historia), que se traduce, entre otras cosas, en una economía basada en el conocimiento. Sí, el conocimiento, aparte de ser nuestro más preciado bien inmaterial, puede generar valor económico directo a través los productos y servicios en cuyo proceso de creación o transformación participa.

En este punto de la película es donde entra en acción el diseño gráfico.

Pero, ¿qué es y para qué sirve eso del diseño gráfico?

El diseño gráfico es una disciplina (habréis notado que no hemos escrito la polémica palabra «arte») que engloba una serie de materias tales como la tipografía, la fotografía, la composición, etcétera y que sirve para comunicar mensajes específicos de forma efectiva. Mediante la manifestación gráfica, y a través del uso de texto y de imágenes, el diseñador gráfico puede expresar ideas concretas dirigidas a grupos determinados.

Con un uso adecuado del diseño gráfico es posible, por ejemplo, diferenciar una botella de rica cerveza de otra de aguarrás (con el consiguiente beneficio para tu salud), o distinguir entre un aseo y un cuarto de la limpieza en un momento crítico después de haber tomado unas cuantas de las primeras.

Así es que vivimos en un momento de la historia en el que la comunicación se ha establecido como el eje vertebrador en torno al cual gira la economía del conocimiento, no solo como mera información, sino como el procesado de esta en pos de una utilidad general. La información invade cada uno de los aspectos de nuestra vida cotidiana. Cantidades ingentes de datos han de ser asimilados diariamente: recibidos, procesados y digeridos de la manera correcta. El diseño gráfico, con sus funciones (comunicativa, publicitaria, formativa, estética…), se erige como la herramienta perfecta para este fin.

Aunque es cierto que, por lo general, se asocia el diseño gráfico principalmente con su función estética (a pesar de que a veces la estética en algunos proyectos brille por su ausencia), esta no es la más importante de ellas. Sin el diseño gráfico nos perderíamos en un marasmo de datos desorganizados y sin sentido, que harían, si no imposibles, sí muy difíciles cosas en apariencia tan sencillas como leer un plano del metro, saber qué estamos comprando en el super, o rellenar correctamente un formulario.

Retomando la pregunta que lanzábamos al comienzo de este artículo, nos atreveríamos a afirmar que . Los estudios de diseño, y sobre todo aquellos que usan el diseño como una herramienta para mejorar el mundo en el que viven, son más necesarios que nunca.